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miércoles, 2 de julio de 2008

ANECDOTAS - DECIMA ENTREGA

MATADOR Y CABALERO

Mario Alberto Kempes decía que le debía a Menotti el haber sido el goleador del Mundial ’78. Lo explicaba de esta forma:

-Me dejé los bigotes al comienzo de la Copa, pero no convertí ningún gol en los primeros tres partidos contra Hungría, Francia e Italia. Para el cuarto, en Rosario contra Polonia, me llegó la orden del director técnico: "Mario... ¡Aféitese!".

-Hice dos goles y, a partir de entonces, no sólo no me los dejé más, sino que me afeito dos horas antes de cada partido que juego...

miércoles, 25 de junio de 2008

ANECDOTAS - NOVENA ENTREGA

PERDON DIVINO

Cuando Diego llegó al Napoli, el equipo era una tienda. Tanto que le sirvió a Maradona para convertirse en un verdadero polifuncional. No por gusto, sino por necesidad: todo lo tenía que hacer él. En uno de esos partidos difíciles, bajó a la mitad de la cancha, recuperó la pelota y comenzó a limpiar el camino gambeteando a uno, dos, a tres rivales. Había arrancado en su posición de ocho atrasado y ya estaba por llegar en diagonal y por el centro al área adversaria. Era evidente que buscaba su perfil de zurda. En eso estaba cuando se le cruzó Del Fiume, que era su compañero, le quitó la pelota y, en su afán por rematar y convertir el gol, trastabilló y la perdió. Desde el suelo lo miró a Diego como pidiéndole perdón y Maradona, que con las dos manos apoyados en su cintura estaba pensando “¿Dónde vine a parar?”, le gritó:

-A mí no me digas nada, rezá, a lo mejor San Genaro te perdona...

miércoles, 11 de junio de 2008

ANECDOTAS - OCTAVA ENTREGA

Carlos Salvador Bilardo I.

Antes de salir en la gira previa a la participación de Argentina en México ’86, le preguntaron a Bilardo qué pensaba hacer cuando el equipo volviese del Mundial.

-Mirá –contestó-, me compré un traje blanco y una corbata roja para pasearme por la avenida Corrientes si llegamos a ganar, pero también un turbante para rajarme a Arabia sin que me reconozca nadie si llegamos a perder...


Carlos Salvador Bilardo II.


Después del Mundial '90, lo acorralaron a Bilardo con preguntas sobre la vida diaria en los setenta días de concentración en Trigoria. Alguien quiso saber cuántas "salidas" les había dado a sus jugadores.

-Cuatro. Cuatro veces les di un día franco.
-No puede decirse que haya sido muy generoso -acotó el periodista-.
-Me pareció suficiente -contestó Bilardo-. Yo sé que son jóvenes pero ellos también sabían, porque se los dije, que un Mundial dura sólo treinta días y el sexo toda la vida...

miércoles, 4 de junio de 2008

ANECDOTAS - SEPTIMA ENTREGA

Los coreanos son todos iguales

La única participación de Corea del Norte en una Copa del Mundo fue la que en 1966 se desarrolló en Inglaterra, y provocó asombro por el buen rendimiento de su seleccionado, pero también dejó muchas sospechas por el increíble estado atlético de sus futbolistas. Los asiáticos lograron el segundo puesto en su grupo y clasificaron para los cuartos de final, donde cayeron honradamente ante Portugal por 5 a 3. Además, se dieron el gusto de dejar fuera de la competencia nada menos que a Italia, a la que derrotaron por uno a cero. Poco hábiles con el balón, los coreanos se caracterizaban por presentar un notable rendimiento físico que les permitía correr sin parar los noventa minutos. Tal vez por envidia, quizá por ignorancia, el sorpresivo desempeño de los orientales fue puesto en tela de juicio por gran parte de las delegaciones y periodistas de Europa y América que llegaron al Reino Unido. El éxito deportivo caminó de la mano de un rumor, nunca comprobado, que señalaba que los coreanos, aprovechándose de que su aspecto es similar ante los ojos occidentales, cambiaban casi todo el equipo durante el entretiempo.

viernes, 23 de mayo de 2008

ANECDOTAS - SEXTA ENTREGA

Alberto Ohaco (foto), delantero y capitán del Racing que se adjudicó siete campeonatos consecutivos durante el amateurismo, quedará en la historia por su corrección y caballerosidad tanto dentro como fuera del campo de juego. Tal era la personalidad del atacante que a lo largo de su carrera nunca expresó una queja o un gesto de reprobación ante los fallos adversos de los árbitros. En uno de los enfrentamientos con Estudiantil Porteño, el referí convalidó un gol del propio Ohaco, luego de que éste introdujera con la mano una pelota centrada por un compañero. Sin embargo, el capitán académico no pudo aceptar dicha situación y corrió a disculparse con el hombre de negro y a confesarle que su propia anotación, a pesar de no haber existido mala intención, carecía de validez. Para Ohaco su honestidad valía más que un simple triunfo deportivo.

jueves, 1 de mayo de 2008

ANECDOTAS - QUINTA ENTREGA

Durante el campeonato mundial de 1958, jugado en Suecia el jugador brasileño Garrincha (llamado Manoel Francisco Dos Santos pero famoso por el apodo que le pusieron de niño por su afición a la caza de pájaros, que en el Mato Grosso se conocen como "garrincha") adquirió en una tienda local una radio a transistores tan cara como moderna para los tiempos que corrían. Apenas arribó de regreso a la concentración, Garrincha -considerado por la prensa un genio adentro de la cancha pero muy inocente fuera de ésta- mostró orgulloso la flamante adquisición a sus compañeros, quienes, asombrados, lo felicitaron por su buen gusto en la elección. Sin embargo, Américo, el famoso masajista de los tetracampeones mundiales, lo apartó y le explicó que había hecho un mal negocio. "Este aparato no te va a servir en Brasil -le dijo Américo al ex delantero del Botafogo- porque solamente transmite en sueco". Ingenuo como pocos, Garrincha encendió la radio y comprobó que, efectivamente, en todas las estaciones los locutores hablaban el idioma escandinavo. En medio de las maldiciones proferidas contra el vendedor que le había recomendado el aparato, el delantero se lo cedió al astuto masajista, quien de esta manera se apoderó, a un costo infinitamente inferior al abonado por Garrincha, de la radio que "sólo sirve para los suecos".

miércoles, 23 de abril de 2008

ANECDOTAS - CUARTA ENTREGA

CESARINI Y SIVORI, DOS GRANDES

Renato Cesarini (foto) fue el gran descubridor de Enrique Omar Sívori. Por su consejo quedó en River cuando fue a probarse y después fue el hombre que le habló a José María Minella para que lo hiciera debutar en primera división. En 1957, consagrado definitivamente tras sus espectaculares actuaciones en la Selección Argentina que ganó el campeonato Sudamericano en Lima, logró llevarlo a la Juventus de Italia. Cuatro años más tarde, Juventus, el campeonísimo, debió enfrentar a Nápoli. El Nápoli corría peligro de descender y Renato Cesarini, que era su técnico, tenía su futuro pendiente del resultado de ese partido. Sívori, de puro agradecido, pidió no jugar ese partido. Cuando Renato se enteró fue a la concentración de Juventus:
-Si usted es mi amigo, el domingo tiene que jugar el mejor partido de su vida para demostrarme que no me equivoqué cuando lo traje a Italia.
Sívori jugó, hizo los tres goles, y cuando terminó el partido corrió para salir a la cancha y abrazarlo a Cesarini.

domingo, 20 de abril de 2008

ANECDOTAS - TERCERA ENTREGA

El jueves 2 de octubre de 1924 las selecciones de Argentina y Uruguay protagonizaron en el estadio de Sportivo Barracas un encuentro que pasó a la historia por varios motivos. Los charrúas se habían consagrado campeones el 9 de junio de ese mismo año en los Juegos Olímpicos de París, Francia, luego de doblegar en la final a Suiza por tres a cero, por lo que fue tal la inquietud que despertó el match entre los aficionados porteños que el domingo 28 de septiembre (fecha original del partido) sólo se disputaron algunos minutos porque una verdadera ola humana desbordó las instalaciones y, a falta de lugar en las graderías, se introdujo en el campo de juego.
Para evitar una situación similar, los organizadores del encuentro decidieron alambrar todo el perímetro de las tribunas, trabajo que fue bautizado como "alambrado olímpico" por el ingenio popular, ya que la barrera separaba a los concurrentes de quienes se habían apoderado de la medalla de oro en la capital gala. A poco de iniciadas las acciones, el jugador argentino Cesáreo Onzari -delantero del club Huracán- logró batir al arquero visitante Mazzali a la salida de un tiro de esquina. La conquista confundió a los concurrentes, ya que la mayoría ignoraba que el corner había sido reglamentado como tiro libre directo dos meses antes por la International Board, pero pronto las gargantas explotaron al comprobar que el árbitro Ricardo Vallarino -también de nacionalidad uruguaya- marcaba el círculo central. Esa notable anotación que quedó grabada en los periódicos de la época como "el gol de Onzari a los olímpicos" pronto fue calificada como "gol olímpico", y hoy en día así se denomina a tantos conseguidos directamente desde un tiro de esquina.
¿Cómo finalizó el partido? Ganó Argentina dos a uno (goles de Onzari y Domingo Tarascone para los locales, mientras que Pedro Cea descontó para los uruguayos).

viernes, 18 de abril de 2008

ANECDOTAS - SEGUNDA ENTREGA

Para festejar en forma conjunta su cumpleaños y el cincuentenario del club Al Ahly, el jeque árabe Jaled Abdallah invitó a participar de un encuentro al astro argentino Diego Maradona a quien le abonó 250.000 dólares por sus servicios. El match, que se llevó a cabo el 11 de noviembre de 1987 en la ciudad de Jedda, en Arabia Saudita, enfrentó al Al Ahly -reforzado con la presencia del entonces jugador de Napoli de Italia- y al Brondby de Dinamarca. Más de 40.000 espectadores disfrutaron de las gambetas de Maradona, quien además de desplegar todo su talento señaló dos de los goles del conjunto local, que derrotó a los europeos por 5 a 2. Como si los 2.777,77 dólares que percibió por cada uno de los minutos que duró el partido fueran pocos, el "diez" argentino se llevó como "souvenirs" una cimitarra engarzada en diamantes, un reloj de oro y diamantes y una medalla del mismo metal.

viernes, 11 de abril de 2008

ANECDOTAS - PRIMERA ENTREGA

En las primeras épocas del amateurismo, los árbitros encargados de impartir justicia en los partidos de la primera categoría provenían de los mismos equipos participantes de los campeonatos organizados por la AAFL, por disposición de una regla por entonces vigente. De esta manera, cada uno de los clubes debía designar obligatoriamente a uno de sus socios para que formara parte del plantel de referís. Inclusive, al juez se le podía encomendar un match protagonizado por su propio cuadro, ya que su honor ni siquiera se ponía en duda. El 4 de agosto de 1907, Mario Balerdi, el joven árbitro delegado por el club Porteño, fue convocado para dirigir un encuentro en el que su equipo enfrentaba como local a San Martín. Poco antes del final del primer tiempo, con los dueños de casa en ventaja por 1 a 0, el atacante visitante Schultz conectó un centro que salió con violencia en dirección a la portería rival. Pero el trayecto de la pelota fue interceptado por Balerdi, quien estaba parado al borde del área chica. Tras pegar en una de las piernas del referí, el balón salió despedido en dirección de la valla, en la que se introdujo sin que el arquero tuviera oportunidad de rechazarlo. Para colmo de males -como si marcar un gol en contra de sus colores, encima como árbitro, no fuera suficiente-, el guardameta de Porteño no era otro que Escipión Balerdi, hermano del infortunado hombre de negro. La suerte de Porteño no cambió en el complemento, ya que finalmente fue derrotado por 3 a 2.